La Civilidad como fuente de Gobernanza

abril 23, 2013 en Artículos, José Jesús Borjón Nieto

El Pacto por México está resultando, hasta ahora, una fuente valiosa de inspiración para negociar, consensuar  y  aprobar en el seno del poder legislativo, las reformas prioritarias que requiere el país.  Entre las más relevantes han sido aprobadas  la laboral y la de telecomunicaciones. Faltan todavía otras que serán decisivas para culminar ese esfuerzo que los  firmantes vienen haciendo para recuperar el tiempo  perdido y la credibilidad tan seriamente dañada ante los electores. Faltan todavía la del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la energética  y  la financiera.  No será nada fácil negociarlas.  Van a consumir buena parte del primer año del actual gobierno y varias madrugadas de los legisladores.

¿Qué pasaría si el Pacto por México hiciera agua?  No es por aguar la fiesta, pero existe un peligro real de que eso suceda.  Algunos de los firmantes del pacto ya amenazan con retirarse, alegando diversos pretextos. Sería lamentable que lo hicieran.  Tomando en cuenta  esa posibilidad, un grupo de empresarios está  proponiendo  un pacto de mayor alcance, apoyado no solamente por políticos, sino por otras fuerzas representativas de la sociedad civil organizada: académicos, industriales, hombres de negocios, abogados, organizaciones no gubernamentales, entre otros sectores.

Los empresarios proponen un Pacto de Civilidad, incluyente, de mediano y largo plazo.  Consideran que la política es tan relevante que no se puede dejar sólo para  los políticos. Creo que tienen razón, sobre todo en el nombre y contenido que desean dar a su propuesta. Veremos por qué.

El calificativo civilidad propuesto para esa nueva alianza,  tiene su origen en el pensamiento de los padres de la  economía y la sociología: Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson, representantes de la ilustración o escuela escocesa de los  siglos XVII y XVIII. Escocia, con Gales e Inglaterra, constituyen el Reino de Gran Bretaña.  Según ellos, civilidad deriva del término latino  civilitas  o civilización, y sociedad civil  es una designación genérica para el orden constitucional representado en el Estado.  Aunque de origen antiguo y medieval, este  vocablo empezó a utilizarse con  frecuencia en la transición de las monarquías absolutas al Estado moderno (1648) y significaba respeto por la autonomía individual, con base en la seguridad y confianza que debía haber entre propios y extraños. La doctrina de Rousseau no era muy diferente, pues  partía de que el hombre vivía en un supuesto estado idílico de naturaleza para los placeres sensuales, guiado  por la preservación de sí mismo y la simpatía hacia los otros. Locke introdujo el principio del respeto a la propiedad privada como condición para integrar la sociedad civil y como derecho fundamental emergente del  propio trabajo.

El primero de los escoceses que toma estas últimas ideas, es Adam Smith, quien destacó la importancia de desarrollar la economía de mercado, como requisito para conformar la sociedad civil o civilizada, contrastante con el estado de naturaleza propuesto por los ingleses y contrastante también con el después llamado Estado nacional en el que se dan con el tiempo, la aparición de órganos y división de funciones, por una parte, y por la otra  la transformación de súbditos en ciudadanos. No se puede inferir, sin embargo, que el Adam Smith de la “mano invisible” haya concebido y promovido un mercado sin rostro humano como el mercado depredador de nuestros tiempos. ¡No! En su Teoría de los sentimientos morales hablaba de éstos como motor de la acción humana y acentuaba la importancia de: “La generosidad, la humanidad, la benevolencia, la compasión, la mutua amistad y el aprecio, todos los sentimientos sociales y benévolos, cuando se manifiestan en el semblante o comportamiento […] casi siempre agradan al espectador indiferente”.

Adam Ferguson, por su parte, ve con todo acierto la armonía latente entre individuo y sociedad civil cuando expresa:  “Si el bien público es el principal objetivo de los individuos, es también cierto que el bien de los individuos es el fin primordial de la sociedad civil”, [porque]  “los intereses de la sociedad y del individuo pueden conciliarse fácilmente”.  “Para su conservación y bienestar el individuo necesita luchar por la conservación de la sociedad en que vive”, y ésta por ´´él, me gustaría agregar, si hiciera falta.