De Francisco Javier Clavijero al papa Francisco I

marzo 20, 2013 en Artículos, José Jesús Borjón Nieto

La llegada a la silla papal de un latinoamericano es motivo de alegría para dos reflexiones. Los numerólogos se detienen en explicar el significado de la  fecha de la elección      (13/03/13). Antes que detenerme en esos números, prefiero destacar los hechos históricos que se encuentran detrás de la elección del nombre de Francisco, pues nos recuerda el papel de san Francisco de Asís,  quien siendo hijo de un rico comerciante, Pedro Bernardone, prefirió vivir en la pobreza para dedicarse a reconstruir iglesias derruidas, primero, y una vez aprobada la orden franciscana, ofrecerla a Honorio III  para  restaurar la Iglesia que pasaba entoncespor un bache igual o peor que el de ahora. Al elegir Bergoglio  el nombre de Francisco, tiene posiblemente  en la mira la figura de ese apóstol de Italia que estuvo tan cerca de los pobres y de la naturaleza.

La segunda reflexión consiste en destacar que con la elección del argentino Jorge Bergoglio se hace por fin justicia a la Compañía de Jesús, cuya extinción solicitaron a Clemente XIV algunos monarcas católicos europeos. La extinción fue decretada el 21 de julio de 1773, pero los reyes de España, Francia y Portugal se adelantaron al pontífice  desterraron a los jesuitas de sus territorios mucho antes.  De la Nueva España salieron al destierro religiosos humanistas de la talla de Francisco Javier Clavijero,  Rafael Saldívar, José Rafael Campoy,  Francisco Javier Alegre, Juan Luis Maneiro, Andrés Cabo y Diego José Abad, entre otros.

Entre los cambios que introdujeron al sistema educativo están los siguientes: aparición de las primeras críticas sistemáticas a los métodos y dogmas escolásticos, apertura a las nuevas corrientes y pensamiento filosófico europeo, introducción de la física experimental o moderna en los cursos de filosofía, desarrollo del eclecticismo científico, y adopción de nuevas orientaciones metodológicas tanto en la reflexión filosófica como en la enseñanza en general.

Expulsados estos ilustres educadores, formadores del sentido de mexicanidad, principalmente Clavijero, maestro en la antigua Valladolid del joven Hidalgo, a decir de Gabriel Plancarte, el proceso de renovación filosófica y científica  en las filas de la Iglesia dejó un vacío en el incipiente sistema educativo novohispano, aun tomando en cuenta la labor docente de otras órdenes y congregaciones.

Entre los desterrados merece mención especial el veracruzano  Francisco Javier Clavijero, quien salió al destierro el 25 de octubre de 1767 rumbo a La Habana, para continuar a la Cerdeña, Ferrara y Bolonia, donde escribió su célebre Historia de México,  “para servir en lo que pudiese a su patria y divertir honestamente el ocio desabrido del destierro”, empresa en la que combatió sin tregua las mentiras de historiadores europeos sobre México. Culminar esta obra magnífica no fue nada fácil, pues tenía que viajar de una ciudad a otra para buscar los libros que le hacían falta para documentarla.