Cultura de la Legalidad: No hay más.

febrero 24, 2011 en Artículos, Jorge Rebolledo Flores

A principios de este mes, el Centro de Investigación para el Desarrollo (CIDAC) y el Instituto de Cambio Cultural de la Universidad de Tufts, hicieron públicos los resultados de la “Encuesta de Valores México”. La encuesta es un esfuerzo por entender qué valora el mexicano en su vida diaria, y cómo percibe su entorno. Simultáneamente, la encuesta intenta concientizar a la sociedad mexicana sobre sus valores, y cómo éstos influyen en la realidad del país.

Los resultados revelan ciertas dualidades que explican mucho de la actualidad mexicana. Por ejemplo, 79% de los encuestados está consciente que dar obsequios y/o dinero para agilizar trámites de gobierno es corrupción y considera que el acto merece un castigo. Sin embargo, 1 de cada 3 mexicanos encuestados considera que es de tontos cumplir la ley si nadie lo hace.

Revelador resulta también saber que solo el 26% del universo encuestado considera que las autoridades son respetuosas de los individuos y que el 71% cree que las leyes están hechas para proteger a los poderosos.

Lo anterior viene a colación pues en estos días y en varias ciudades de nuestro estado se celebran los foros de consulta ciudadana que en cumplimiento con el artículo 49 de la Constitución Política del Estado de Veracruz se llevan a cabo para formular el Plan Estatal de Desarrollo de esta administración (y los programas que de éste se deriven).

Los participantes en dichos foros –especialistas, funcionarios del gobierno estatal, académicos, ciudadanos en general- han señalado en innumerables ocasiones la necesidad de abrazar la cultura de la legalidad como forma de vida. Esta se alcanza cuando la cultura, ethos y pensamiento dominantes en una sociedad simpatizan y están en correspondencia con la observancia de la ley.

Lo anterior resulta imperante pues si bien Veracruz no experimenta los niveles de violencia que otras regiones vecinas, la experiencia indica que en los próximos años la sola aplicación de la ley será insuficiente para enfrentar el desafío que representan la inseguridad y la violencia.

Los elementos centrales que alientan una cultura de la legalidad pueden ser desarrollados de manera expedita (en menos de una generación puede registrarse el cambio de valores de una sociedad y adopción de la legalidad como forma de vida). Los métodos, técnicas y procesos para su fomento han probado su efectividad desde hace décadas en lugares tan disímiles como Hong Kong, Sicilia, Botswana, la Republica de Georgia, numerosas ciudades en Colombia y más recientemente en Tijuana y la Ciudad de México. Estos ejemplos ilustran además que un cambio de valores y la adopción del Estado de Derecho como forma de vida no solo son deseables sino además posibles en comunidades donde el crimen, la corrupción y la pobreza han sido una constante por décadas.

Como sociedad y como individuos nos ha llegado el tiempo de apegarnos a la legalidad como principio central de nuestras vidas. De otra forma estaríamos escenificando una gran simulación y abriéndole las puertas a la inseguridad y la violencia y viviendo una regresión al primitivismo autoritario. No hay más.