Guantánamo

octubre 15, 2010 en Artículos, Jesús Alberto López González

La base de Guantánamo (gitmo), que para los Estados Unidos está subarrendada y para los cubanos está ocupada, no ha dejado de ser noticia desde que George Bush eligió ese lugar para recluir a presuntos miembros de Al Qaeda tras los ataques del 11 de septiembre.  Cabe mencionar que los derechos de permanencia estadounidense en territorio cubano se remontan a 1903, cuando los presidentes Tomás Estrada Palma y Theodore Roosevelt firmaron un tratado que arrendó a los norteamericanos a perpetuidad los terrenos de la bahía que le da nombre a la famosa base militar.

También desde 2001, dicho paraje cubano se ha convertido en uno de los íconos internacionales de la violación a los derechos humanos en el mundo y que en gran medida, ha golpeado la imagen internacional de los Estados Unidos y su reputación como paladín de la democracia y respeto a los derechos fundamentales.  El hecho que Gitmo se encuentre fuera de territorio estadounidense, ha permitido que sus internos sean objeto de abusos reiterados por parte de sus custodios, al no gozar de las garantías del sistema judicial norteamericano.

Así, los periódicos estadounidenses se han cansado de narrar historias inverosímiles que conjugan denuncias de malos tratos con técnicas sofisticadas de tortura física y sicológica a los internos. Los que han recobrado su libertad, coinciden en que Guantánamo es poco menos que el infierno.  Los que siguen recluidos, con frecuencia organizan huelgas de hambre, otros han llegado al suicidio.

Con ese antecedente, no escapa que Barack Obama haya colocado la posibilidad de cerrar esa prisión, como una de las banderas electorales que más aceptación logró durante su campaña. De hecho, dos días después de tomar el poder, Obama firmó una directiva que ordenada el cierre gradual de Gitmo. Sin embargo, las presiones internas y la propia dinámica de la así llamada “guerra contra el terrorismo” han sido más poderosas. Al día de hoy, luce complicado que Obama cumpla su promesa.

No hay duda que las buenas intenciones en materia de política pública se enfrentan con frecuencia a la necesidad de los gobiernos de dar certidumbre a su población. Por más dañino que resulte la permanencia de la prisión de Guantánamo a la imagen internacional de los Estados Unidos, el 60 por ciento de los ciudadanos norteamericanos piensa que debe permanecer abierta.  Las alternativas que enfrenta el Presidente Obama lucen complicadas y mutuamente excluyentes.