Las Guerras de Hoy

mayo 26, 2011 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

La presencia de conflictos armados ha sido una constante en la historia de la humanidad. Con el fin de la guerra fría, los enfrentamientos no encontraron los incentivos lo suficientemente atractivos para disminuir, al contrario se intensificaron.

Según las bases de datos de la UCDP de Uppsala en un período de 19 años que va de 1989 al 2008 sucedieron alrededor de 130 conflictos bélicos alrededor del mundo, mientras que en los 43 años transcurridos desde la segunda guerra mundial a la caída del muro de Berlín tuvimos tan sólo 112 enfrentamientos armados. De seguir tal comportamiento, estaríamos hablando de un incremento de un 125% en la conflictividad internacional tras la desaparición de la URSS.

El comportamiento bélico de la era postsoviética se caracteriza por enfrentamientos armados en su mayoría de carácter interno o interno internacionalizados, de intensidad media, con daños concentrados principalmente dentro la población civil, de una duración promedio de 6 años, considerablemente costosos y, pese a ser multicausales, predominan las motivaciones políticas sobre otras. Todas estas variables le otorgan cada vez un mayor grado de complejidad al escenario internacional.

Según cifras del Banco Mundial, 4 de cada 10 países que han sufrido un evento bélico vuelven a caer en la violencia en el período de cinco años tras la negociación de un acuerdo de paz. Si a eso sumamos que en sólo el 41% de los conflictos sucedidos después de la caída del bloque soviético se ha conseguido un acuerdo de paz, se agrava aún más la expectativa de la armonía en la convivencia humana y de la calidad de vida de la misma.

¿De quién es responsabilidad la paz? De la población, el gobierno o de los organismos internacionales. Originalmente, la guerra era atribuida como un mecanismo legítimo de convivencia y comunicación entre los países. Posteriormente, se generan una serie de mecanismos de renuncia de la guerra para abrir paso a las vías de solución pacífica de las controversias.

El espíritu que da origen a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, en un marco de desastres sin precedentes como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, ostenta como propósito el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.  La ONU ha estado comprometida tradicionalmente en cuatro actividades dirigidas al control del conflicto: 1) Diplomacia preventiva; 2) Establecimiento de paz; 3) Operaciones de mantenimiento de paz; y, 4) Misiones de consolidación de paz. No obstante, la puesta en marcha de las populares operaciones de mantenimiento de paz (OMPs) se realizan, por lo general, en tan sólo el 13% de los casos.

Lo que significa que las OMPs colaboran en numerosos ambientes posbélicos pero no en todos, por ello la ineficacia en la rehabilitación no puede ser atribuida exclusivamente a estas operaciones, pero existe un hecho evidente, el fracaso de la consecución de la paz es un indicador de que algo está fallando. Cada escenario posbélico es diferente, con necesidades distintas que exigen procedimientos diferenciados. Indudablemente, el reto que debemos enfrentar para disminuir los conflictos armados contemporáneos posee dimensiones incalculables pero es una tarea inaplazable a nivel local, regional y mundial. Recordemos que el buen juez por su casa empieza.