Los crímenes internacionales

abril 14, 2011 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

La comunidad internacional necesita con premura, la consolidación de un orden jurídico en donde se expresen los valores y los alcances de la justicia universal. El derecho internacional y las relaciones internacionales requieren de un sólido fundamento ético-normativo.

La transnacionalización del delito y la violación amplificada del orden social obligan a la evolución y el enriquecimiento del derecho penal internacional, en especial en el contexto de una sociedad global de características conflictivas, donde imperan la violencia, el desorden, la inseguridad, el demérito de los valores, el genocidio, la tortura y las infracciones a la ley, así como la impunidad en todas sus amplias y variadas connotaciones.

La criminalización internacional de ciertos comportamientos imputables a los individuos ha persistido por largo tiempo con un carácter meramente normativo, sin acompañarse de la institucionalización de mecanismos internacionales de represión –aún con la existencia de la Corte Penal Internacional-, así sólo los tribunales nacionales o ad hoc han sido competentes para juzgar a los autores.

El crimen de agresión genera otras interrogantes, puesto que fácilmente es ejercido como un crimen de Estado, lo que provocaría un sistema de sanciones colectivas instituido por la Carta de las Naciones Unidas y de un régimen jurídico de responsabilidad que aún no se encuentra definido. De esta manera, el Estado evade toda inculpación, limitando la ejecución de la responsabilidad penal al nivel estatal. Cambio que si se conseguirse, disminuiría el papel del Consejo de Seguridad y, obligaría a realizar modificaciones dentro del sistema de mantenimiento de paz y seguridad internacional tradicional.

La jurisdicción universal contempla la posibilidad de que un Estado juzgue a un criminal extranjero por ofensas no cometidas ni dentro de su territorio ni contra sus nacionales, en materia de protección de los valores e intereses más fundamentales de la humanidad. Se considera que la piratería, la esclavitud, los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocido están sujetos a jurisdicción universal. Así, cada Estado tiene derecho, con base en el derecho internacional, de proceder a aplicar su jurisdicción sobre los mismos.

Existen numerosos tratados que proveen a la comunidad internacional de herramientas para la supresión de otras infracciones, como lo son la destrucción de cables submarinos, el tráfico de drogas y esclavitud, entre otros. Estos tratados otorgan el ejercicio de la jurisdicción del Estado, pero no de la jurisdicción universal, siendo documentos vinculantes sólo entre las partes contratantes. Los crímenes internacionales constituyen actos dañinos a los intereses vitales internacionales; afectan los fundamentos y la seguridad de la comunidad internacional; violan los valores morales universales y los principios humanitarios que permanecen en los sistemas jurídicos penales de las naciones. Cuando la conducta se identifica como una ofensa contra la humanidad, se crea la necesidad de establecer responsabilidad internacional, pese a las percepciones de que pudiera tratarse de una intervención tanto en política como en los asuntos internos de los estados involucrados.

Ejercicios como el realizado en Nüremberg en 1945, en Yugoslavia en 1993 y Rwanda en 1994 podrían ser replicados en esta década en Egipto, Libia y Siria; o por qué no, en el mismo EUA.