La resistencia

febrero 17, 2011 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

Estas manifestaciones se asocian a regiones con un alto nacionalismo y comunidades con un estrecho lazo identitario. Ante la derrota de los cuerpos formales de defensa, existe un traslado implícito y automático en la responsabilidad de ‘vencer al enemigo’ de forma individual, ya sea por militares disgregados y/o por civiles. Se parte del supuesto de que la batalla desde trincheras invisibles es difícil de identificar y de combatir.

La ‘resistencia’ es una táctica de conservación para algunos asociada con los ‘actos subversivos’. De Boderje define a estos últimos como un fenómeno o perturbación que se produce en el cuerpo social de un Estado para trastocar y destruir el orden y las estructuras establecidas, acudiendo a acciones insidiosas y muy a menudo violentas, haciéndose largo uso de técnicas de acción psicológica, de tal forma que sea posible hacerse cargo del poder sin llegar al empleo de la fuerza.

En realidad, la ‘resistencia’ trata de agitaciones autónomas pero con un mismo fin: eliminar lo ajeno, lo invasivo, lo externo. No buscan el poder para alguien en especial, bastaría con casi cualquiera, pero de los suyos. La ‘resistencia’ a la que nos referimos carece de organización pero no de metas comunes.

Puede identificarse con la ‘aproximación indirecta’ que, en términos estratégico militares  significa, en palabras de De Boderje, no afrontar al enemigo directamente, sino abordarle después de haberle inquietado, sorprendido y desequilibrado por una aproximación imprevista, efectuada desde frentes inesperados. Los movimientos de resistencia se esfuerzan en repeler un régimen que les ha sido impuesto o enfrentar una ocupación militar extranjera.

La ‘resistencia’ puede manifestarse de diversas formas e intensidades. Cierta pasividad puede ser incluida en el rubro. La renuncia, la oposición y/o la desobediencia a determinadas normas son manifestaciones con efectos directos dentro de la ‘resistencia’. En palabras de Robert Greene y Joost Elffers en su conocida obra Las 48 Leyes del Poder recomiendan transformar la debilidad en poder. La fragilidad lleva implícito un gran poder, al fortalecer la seguridad del enemigo generamos confianza que nos permitirá recomponer fuerzas, planear un boicot y estructurar la venganza.

La práctica de la resistencia ha sido ejemplificada a nivel internacional con resultados magistrales. Aún a la fecha, podemos ver ejecuciones de la misma como efecto de la invasión de los Estados Unidos de América (EUA) sobre el territorio iraquí, la guerra en Afganistán, las prácticas disuasorias de Irán y Corea del Norte, la relación añeja entre Cuba y EUA, y, la situación actual de Argelia, Bahrein, Egipto, Jordania, Libia, Marruecos, Túnez y Yemen. No por nada, el periódico español El País ha nombrado al 2011 como el año de las revueltas.