El tercer objetivo

diciembre 9, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

Identificado como el tercero de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer no pueden dejarse de lado en este proyecto internacional integral, motor del avance de los países.

La ONU ha definido como una de sus metas para el año 2015, la eliminación de las desigualdades de género en todos los niveles de enseñanza, asumiendo que la educación es un paso ineludible hacia el desarrollo.

En América Latina existe una relativa paridad hombre-mujer en el número de matriculados en instituciones de enseñanza tanto a nivel básico como superior. Las cifras comienzan a distanciarse en las áreas de estudio elegidas, siendo la de humanidades y ciencias sociales la preferida por mujeres. Asimismo, cuando nos referimos a eficiencia terminal, la mayoría de los estudiantes que completan satisfactoriamente sus carreras profesionales son hombres, dejando en rezago la formación educativa femenina.

En lo que respecta a la eliminación de las diferencias de acceso a la educación desde la perspectiva de género, obliga a los servidores públicos a realizar un trabajo paralelo en temas tan complejos como la pobreza, el empleo y las prácticas comunitarias. Esto involucra garantizar la igualdad de condiciones, la calidad de la formación o capacitación y la existencia de servicios públicos y sociales congruentes con las necesidades requeridas.

La cultura latinoamericana tiende a orillar a las mujeres a empleos no remunerados o informales que generan incertidumbre social ante la falta de prestaciones o ausencia de seguridad laboral, colocando a este sector en un estado de vulnerabilidad institucional.

En consecuencia, el empoderamiento sugiere aumentar el liderazgo y la participación activa de las mujeres en la toma de decisiones políticas y económicas, auxiliado por instituciones políticas, gubernamentales y por programas de asistencia para el desarrollo.

La consolidación de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres exige el sostenimiento de compromisos sólidos y de una acción colectiva de los países al exterior, pero sobre todo al interior.

Las estrategias públicas que promueva el Estado Mexicano deben ser consecuentes con políticas de desarrollo y reforzamiento institucional. No podemos ignorar los resultados del Censo de Población y Vivienda 2010 que arrojan que el 51.2% de la población corresponde a mujeres.

Hablamos de mejorar las condiciones de vida de más de la mitad de los habitantes de nuestro territorio, no es una tarea fácil pero sí una tarea necesaria.