¿Seres Humanos o Delincuentes? Guantánamo

octubre 14, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

Desde sus orígenes, el Estado ha utilizado el encarcelamiento como el medio preferido para combatir el delito, aplicar la ley y mantener la seguridad interna. Pero la privación de la libertad es un ejercicio público que debe responder a procedimientos previamente establecidos en las legislaciones de todos países.

Evidentemente, la prisión no es un premio sino una sanción. La ciudadanía, en general, esperaría que fuera un lugar con ausencia de privilegios y comodidades, un castigo ejemplar que diera a la persona recluida el mensaje de que lo hecho no es aceptable en esa sociedad. Con ello pareciera emerger nuestro sentido Bíblico del Éxodo 21:24-25 “[…] pagará vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”.

Qué esperamos obtener realmente con la figura de las cárceles: ¿aislar a un sujeto para que no haga más daño a su entorno?, ¿obligar a asumir la responsabilidad jurídica social de un acto indebido? o ¿someterse a un proceso de readaptación social? Estas inquietudes nos colocan forzosamente en dos polos que algunos Estados han logrado conciliar y otros han alejado cada vez más: aislamiento y/o reintegración.

El ejercicio de la ley no debe ser desproporcionado, injusto o imprevisible. Esta premisa ha sido discutida en foros mundiales, especialmente al enfrentarse a numerosos casos de arrestos y detenciones arbitrarias, sumados a tratos inhumanos, degradantes y ejecuciones.  El derecho internacional propone normas y directrices para garantizar la práctica legal de estas actividades por parte del Estado.

El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos estipula en su artículo 10 fracción 1 que: “toda persona privada de la libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano”.  Lo anterior sin desatender el mantenimiento del orden y la disciplina en los establecimientos penitenciarios, pero sí aclarando la reglamentación de los mismos en cuanto a los tipos de conductas sujetas a infracción, descripción, duración de las sanciones y autoridades encargadas de aplicarlas.

Las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos desde su artículo 27 al 32, aclaran que las penas corporales, encierro en celda oscura, así como toda sanción cruel, inhumana o degradante quedarán completamente prohibidas como sanciones disciplinarias. El recurso de la fuerza se limitará a casos de legítima defensa, evasión, resistencia o inercia física. De ahí que, instancias como el Comité Internacional de la Cruz Roja, destaquen la formación y capacitación especial a la que deben someterse los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley.

Nuestro país ofrece ejemplos que podríamos discutir con amplitud, pero quiero hacer una mención breve de lo sucedido en la Base Naval Estadounidense ubicada en la Bahía de Guantánamo, Cuba. Sí, leyó bien, Estados Unidos y Cuba se han visto obligados a una incómoda vecindad desde 1898, un espacio de 117km2 ha fungido como centro de operaciones militares, prisión militar, centro de reclusión y ahora, centro de detención de alta seguridad bajo la jurisdicción de cortes estadounidenses. Un espacio de acceso condicionado criticado por años por las prácticas violatorias al derecho de la vida privada (correspondencia, libertad de culto, expresión, educación, etc.).