La Biodiversidad y el 2010

septiembre 30, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

La preservación de la diversidad de organismos vivientes y sus ecosistemas ha sido considerada por los especialistas como una tarea trascendental para la subsistencia ambiental, económica y cultural del hombre. Nos ha quedado claro que, sólo avanzaremos cuando asumamos que la protección del medio ambiente es una responsabilidad compartida y entendamos que los protagonismos son inútiles.

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas declaró al 2010 como el Año Internacional de la Biodiversidad. Los trabajos a los que se han comprometido los más de 190 países que han ratificado el Convenio sobre la Diversidad Biológica y los 147 Estados pertenecientes al Protocolo de Cartagena sobre la Seguridad de la Biotecnología, pueden representar avances significativos en la materia.

Los objetivos que se persiguen atienden, entre otros, a incrementar la conciencia pública sobre la importancia de la salvaguarda de la biodiversidad y el inicio del diálogo entre las partes interesadas – personas, organizaciones y gobiernos- para la adopción de medidas viables a partir del 2010.

La aplicación de planes de acción nacionales, la creación de comités especializados, el aporte de recursos financieros y técnicos en países desarrollados y en vías de desarrollo no excluye a nadie de su participación y compromiso. Resulta notable la propuesta del respeto y la conservación de los conocimientos de las comunidades indígenas y locales, pero más llama mi atención la manera de abordar la distribución de los beneficios derivados del uso de la biodiversidad.

Los debates sobre el acceso y la participación sobre los recursos genéticos se formalizaron con la creación de un Grupo de Trabajo Especial en el año 2000, viendo cristalizados sus esfuerzos en las Directrices de Bonn en 2002. Aquí se establece la necesidad de consolidar un régimen internacional que promoviera la distribución justa y equitativa de los beneficios, mismo que se consigue hasta 2008 pero se adopta en octubre del 2010.

Partiendo de un consentimiento fundamentado previo y del establecimiento de condiciones mutuamente acordadas entre los poseedores de los recursos y los que quieren hacer uso de ellos, se establece el fin comercial o no comercial de los mismos. Esto significa que los investigadores, universidades o industrias deben hacer públicas las intenciones de procesamiento, taxonomía, biotecnología, conservación, etc., y con ello determinar los posibles beneficios resultantes.

Las ganancias pueden ser monetarias o no. Entre las primeras se encuentra el pago de regalías y la propiedad conjunta de derechos de propiedad intelectual; mientras que, la investigación, desarrollo, capacitación, educación y transferencia de tecnología destacan entre las segundas.

Queda aún sin resolver el caso de los países que no se han sumado a estos esfuerzos, como por ejemplo los Estados Unidos, cuyas industrias farmacéuticas, textiles, químicas, agrícolas y alimentarias ocupan los primeros sitios en el mundo e incluso se jactan de haber registrado ‘seres vivos’ como propiedad intelectual.

Estamos a escasos meses de dar por concluido el Año Internacional de la Biodiversidad, esperemos que se acumulen logros, se concreten estrategias y se cumpla firmemente con las obligaciones previstas. Sólo juntos podremos vencer los retos por venir.