La desigualdad

agosto 19, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

El Primer Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2010, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), asegura que Latinoamérica es la región que alberga mayor desigualdad en el mundo.

Esta aseveración pudiera no sorprender a muchos, palabras como: pobreza, hambre, subdesarrollo, discriminación, insalubridad, mortandad, analfabetismo, crisis económica y financiera, baja competitividad; entre otras, son términos que se encuentran ligados con alarmante exactitud a la historia de esta región hemisférica.

Las cifras más recientes emitidas por el PNUD aseguran que, el índice de desarrollo humano (IDH) de México es inferior al conseguido por Antigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Chile, Cuba y Uruguay, ubicándolo en el octavo sitio dentro de Latinoamérica –mismo que comparte con Costa Rica-; es decir, a sólo una distancia de 47 décimas del último sitio.

Para que entendamos mejor, el IDH se utiliza desde 1990 por las Naciones Unidas como la principal herramienta para medir el desarrollo humano, lo que significa el promedio de tres índices: a) la esperanza de vida al nacer; b) la alfabetización y la matriculación escolar; y, c) el PIB per cápita ajustado a la paridad del poder de compra.

Pese a los avances logrados con la aplicación de reformas estructurales, manejos fiscales, financieros y transferencias de ingresos privados y públicos, no hemos podido mantener una tendencia de incremento del bienestar social en la región, tan pronto se visualizan avances cuando el estancamiento o los retrocesos ocupan su lugar.

Para el PNUD, la desigualdad se concibe como un conjunto de cuatro dimensiones: 1) desigualdad de oportunidades; 2) desigualdad de acceso; 3) desigualdad de ingresos, educación u otro indicador de logro social; y, 4) desigualdad de participación o influencia política. Aún cuando se reconoce que las variables agregadas pueden ocultar necesidades importantes, los índices que responden a un enfoque integrador de la desigualdad podrían auxiliar a la definición de políticas públicas eficaces.

El informe afirma que en América Latina existe una transmisión intergeneracional de la desigualdad consecuente a una baja movilidad social, incluso la caracteriza como ‘trampa de desigualdad’. Tradicionalmente asociada tanto a la capacidad redistributiva del Estado como a la debilidad institucional del mismo, ahora la causal de desigualdad involucraría espacios tan delicados como la familia, la cultura y la tradición. No obstante, el combate a la desigualdad no significa un menor compromiso para los Estados y gobiernos, quienes deberán estudiar a profundidad la oferta, la funcionalidad, los efectos y el carácter inclusivo de sus estrategias.

Los indicadores de desigualdad emitidos en nuestro país por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social muestran que si bien Veracruz no es la entidad federativa que alberga mayor desigualdad, en un período de cinco años, 53 de nuestros 212 municipios tuvieron un incremento de la misma, destacando Ixhuatlancillo, Mariano Escobedo y Tantoyuca como los de mayor índice.

Con la radiografía de México expuesta por el PNUD, no tenemos pretexto para combatir con acierto la desigualdad desde puntos estratégicos. El desarrollo de proyectos integrales no es tarea fácil pero es una necesidad que no puede ser ignorada por más tiempo.