El manejo de desastres. ¿Prevención o acción?

julio 15, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

Los eventos sísmicos y climáticos parecen no dar tregua a nuestro país, con singular recurrencia el territorio mexicano es un testigo permanente de las demostraciones de la fuerza de la naturaleza, entonces: ¿Qué nos impide responder con eficacia a un desastre natural?

El 1° de Junio inició la temporada de huracanes en el Atlántico, según la tercera versión –la más reciente- del Informe sobre el Pronóstico de la Temporada de Ciclones 2010, el Servicio Meteorológico Nacional advierte de 8 tormentas tropicales con vientos superiores a 63km/h, 5 huracanes moderados y 5 intensos entre categorías 3 y 5 en la Escala Saffir-Simpson que, con apego a lo establecido a partir de 1979 en la Organización Meteorológica Mundial, se identificarán con nombres propios en orden alfabético alternando femenino y masculino.

En eventos hidrometeorológicos graves, una declaración de emergencia por parte de la Secretaría de Gobernación activa el engranaje institucional, a la par de las acciones de los gobiernos estatales que inician con las alertas correspondientes, las evacuaciones, la suspensión de navegación, vuelos y clases, seguido de un despliegue de unidades del ejército y la Armada para evitar saqueos; por su lado, Petróleos Mexicanos anuncia los desalojos en las plataformas. Se figura una aparente coordinación de esfuerzos entre Gobernación, la Secretaría de Turismo, Comunicaciones y Transportes, Marina, Seguridad Pública y la Procuraduría General de la República.

Abrumadoras imágenes del Río Santa Catarina en Monterrey obligan a la reflexión. El Huracán Alex ocasionó daños en los estados de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila, una región que genera -según INEGI- el 14.7% del PIB nacional. Han pasado 15 días y no contamos aún con cifras oficiales de la destrucción ocasionada, la Secretaría de Economía y la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros han hecho sus declaraciones, ambos bajo escenarios inciertos que sólo justifican por un lado, un Fondo de Garantías que, no es más que un crédito de la banca comercial por 2 millones de pesos al sector empresarial y, por el otro, la garantía a los asegurados de la cobertura de sus contratos.

Hablamos del tercer estado en productividad económica del país, con una notable infraestructura carretera, ferroviaria y aérea, con la única planta de generación eléctrica por biomasa en Latinoamérica, con más de 50 parques industriales y con actividad empresarial nacional e internacional. ¿Si eso pasa en la zona metropolitana neolonesa, qué podemos esperar en el Sureste mexicano?

El “Manual para la evaluación del impacto socioeconómico y ambiental de los desastres” de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), instancia regional establecida por el Consejo Económico y Social de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1948, destaca la importancia de la medición de las afectaciones tras un desastre y la amenaza de no hacerlo.

La prevención es insustituible y la acción necesaria, pero para las mismas, resulta incuestionable la necesidad de información diagnóstica confiable que ayude a canalizar los recursos y otorgue la atención a las demandas prioritarias.