Fragmentos prerrevolucionarios

noviembre 20, 2012 en Artículos, José Luis Rosario Pelayo, Nuestros Alumnos

No existe una visión integral de la historia ni de la cultura en México, ambas son miradas fragmentadas, una idea no termina de morir cuando otra ya está naciendo. En este contexto se ubica el liberalismo mexicano en la mitad del siglo XIX, el cual, como proyecto de modernización política, encuentra su estallido a fines del siglo en ese río de reformas “juaristas”, “lerdistas” e “iglesistas” que desembocaría en el mar del positivismo porfirista.

Pero este liberalismo no se formó por sí solo. El conflicto que moldeó un proyecto de nación surgió cuando se desarrollaron pugnas entre los liberales y conservadores. Estos últimos, pugnando por un centralismo y apego a las instituciones heredadas de la colonia, y los liberales, sencillamente, opuestos a todo esto, porque buscaban la supremacía de la ley ante cualquier institución. Estas pugnas profundizaron inestabilidad política, y la forma eficiente de apaciguarlas surgió de dos imperativos: orden y progreso.

Porfirio Díaz comenzó su carrera como militar en el estado de Oaxaca,  no sin antes haber pasado por un “adoctrinamiento” eclesiástico. Sin embargo, existe un asunto que no es muy discutido para la conformación del pensamiento de Díaz, pero que a mi consideración estuvo en el corazón de la política mexicana del siglo XIX y por tanto, pudo dirigir varias cuestiones de interés nacional. Como Benito Juárez, Porfirio Díaz pertenecía a la logia masónica, y de ahí surgieron sus ideales liberales para comprender la situación del país y adoptar las disposiciones del orden y la razón para llegar al progreso, vestigios del positivismo.

La conformación de un ideario porfirista, antiporfirista y neoporfirsta[1] estuvo determinada por aquellas fragmentaciones culturales, pero si bien Díaz luchó en un principio por la democracia, más tarde se dio cuenta de que México, con su fragmentación, no podría sostenerla. Esto es precisamente un acierto en la estabilidad del gobierno porfirista: el verdadero poder de la política como la capacidad de conciliar los intereses de los grupos antagónicos. Lo paradójico es que esa conciliación se reflejó en resultados “tangibles” de progreso económico, social y cultural, sin necesidad de la democracia.

[1] Paul Garner en su libro Porfirio Díaz: del héroe al dictador, explica estas tres visiones del gobierno de Díaz.