¿Es posible otra Iglesia?

marzo 13, 2013 en Artículos, José Jesús Borjón Nieto

Hace casi  10 años la Universidad Carlos III de Madrid organizó el Encuentro Internacional para la Renovación de la Iglesia Católica (19-22.09.2002), bajo el lema: Otra Iglesia es posible. Resumiendo lo que ahí se dijo, van estas reflexiones en torno a la elección  del nuevo papa, para lo cual  se  encuentran reunidos los cardenales bajo llave, en la Capilla Sixtina, en cuyo fondo se encuentra el famoso a fresco del juicio final,  de Miguel Ángel.

¿Quién será el bueno? Los vaticanistas opinan que los perfiles de los posibles candidatos deberán reunir algunas de estas cualidades: uno con puño de hierro, conocedor de los asuntos de la curia y sus luchas internas de poder; un continuador de la obra de Juan Pablo II, pastor, evangelizador y amigo de llevar el mensaje cristiano a todas las regiones del planeta; o bien un papa carismático capaz de renovar en profundidad la Iglesia católica, adaptándola a las nuevas realidades de este mundo cambiante. Este perfil sería el más parecido al de Juan XXIII, quien tuvo el valor de convocar el Concilio Vaticano II (1962) a fin de  ofrecer la oportunidad de   retomar los principios  de los primeros orígenes de una Iglesia no contaminada por los privilegios del  poder  recibidos del emperador Constantino y  de otros  gobernantes, después.

El papa Juan XXIII resultó incómodo para la Curia romana, acostumbrada a la burocracia y al buen vivir.  El sucesor, Paulo VI, tuvo miedo de  aplicar las conquistas teológicas y sociales del último concilio. Juan Pablo I, intentó enmendarle la página e introducir los cambios, pero no lo logró y murió un mes después en circunstancias hasta ahora no aclaradas,  al día siguiente de haber  anunciado que se iría del Vaticano a vivir a un barrio obrero de Roma y llevarse con él a los cardenales, dejando los palacios en manos de una organización internacional. ¿Se imagina el lector el escalofrío que subió por todo el cuerpo a los príncipes de la Iglesia?

Con  todo respeto, considero que el Espíritu Santo va a tener que sudar la gota gorda para que le hagan caso esta vez los cardenales. ¿Habrán leído la carta abierta que envió a todos los obispos en 2010 Hanz Küng, teólogo, filósofo y asesor en el Concilio Vaticano II, al igual que Joseph Ratzinger? Si hubieran leído esa valiente carta, seguramente que pondrían bien la oreja para elegir al mero bueno, para que la Iglesia sea más incluyente, más de los pobres, con posibilidades de quitar o por lo menos  hacer voluntario el celibato,   abrir la puerta para que las mujeres puedan ejercer el sacerdocio y el servicio pastoral como obispas. Entre muchos otros cambios que se podrían hacer para bien de toda la Iglesia, como el saber “Dar a Dios lo que es de Dios y al César  lo que es del César.” Esto acabaría con muchos dolores de cabeza para el Estado, y también para la Iglesia.