Los Prisioneros de Guerra

mayo 12, 2011 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

El estatuto del prisionero de guerra se basa en el principio general que establece que los miembros de las fuerzas armadas de las Partes en conflicto son combatientes y todo combatiente que caiga en poder de una Parte adversa será prisionero de guerra. Las normas relativas a la protección a los prisioneros de guerra se encuentran contenidas en el Convenio de Ginebra sobre el trato a los prisioneros de guerra de 1949 y al Protocolo Adicional I, Título III.

Los prisioneros de guerra se encuentran en poder de la potencia enemiga, no de los individuos o cuerpos de tropa que los hayan capturado. De esta manera, los prisioneros de guerra tienen derecho, en toda circunstancia, al respeto de su persona y de su honor. Por su naturaleza (a diferencia de los que cometen delitos de orden común) conservan la capacidad civil de que se beneficiaban antes de ser detenidos. Deberán ser protegidos en particular contra los actos de violencia, tortura o de intimidación, así como contra los insultos y la curiosidad pública.

El Convenio de Ginebra estipula en su artículo 13 que, los prisioneros de guerra deberán ser tratados en toda circunstancia humanamente y con equidad. La potencia detentora asume, en general, la responsabilidad por su vida y mantenimiento. Las mujeres y los niños menores de 15 años serán objeto, si son prisioneros de guerra, de un respeto especial, protegiéndolos contra cualquier forma de atentados al pudor.

En el Convenio no sólo figuran las condiciones materiales del internamiento (alojamiento, alimentación, ropa, higiene, asistencia médica, traslados y trabajo). En su contenido encontramos artículos versan sobre las condiciones morales que no sólo se refieren a la religión, sino a las actividades intelectuales y deportivas que permitan a las personas a preservar su dignidad y salud, protegiéndolas contra el aburrimiento y el ocio.

Cabe destacar el manejo del a correspondencia, en la que se autoriza el envío y recepción de cartas y tarjetas. El procedimiento supone que, desde el momento de la captura, se debe proporcionar al prisionero una ‘tarjeta de captura’ con el fin de comunicar su cautiverio a su familia y a la Agencia Central de Búsquedas, lo que debería resolver muchas de las conductas cuestionadas sobre las desapariciones forzosas a cargo de los cuerpos de seguridad.

No menos sorprendente resulta el contenido del artículo 79, en donde se establece la figura de ‘hombres de confianza’, en donde cada seis meses, los prisioneros puedan elegir libremente y en votación secreta a los encargados de representarlos ante las autoridades militares, organismos internacionales e instancias que proporcionen ayuda humanitaria.

La repatriación de los prisioneros de guerra tendrá lugar ‘sin demora tras haber finalizado las hostilidades activas’; es decir, tras el fin de la guerra o su subsiguiente alto al fuego.

Si se habla de una guerra contra el crimen organizado (terrorismo o narcotráfico) tendrá que ponerse atención a la normativa al respecto. El aparente cese de hostilidades en Afganistán obligaría a la liberación de los cientos de prisioneros de guerra de Guantánamo, el ahorcamiento del Iraquí Saddam Hussein sería condenado y el procedimiento reciente contra Osama Bin Laden sería cuestionado.