La protección de instalaciones peligrosas

abril 28, 2011 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

A tres semanas del evento sísmico de 8.9 grados bajo la escala richter que afectó la costa noroeste del Japón y tras los alarmantes sucesos por los que cruza la central nuclear de Fukushima Daiichi, resulta oportuno reflexionar sobre los efectos destructivos que un suceso local (natural o humano) pudiera representar a nivel regional o mundial.

Quisiera centrar la atención en la protección que debemos garantizar sobre las instalaciones peligrosas ante fenómenos producidos por el hombre. La selección resulta ilustrativa al vivir en un país cuya historia sin precedentes de dichos sucesos podría favorecer el perfeccionismo del carácter preventivo sobre los mismos; es decir, contamos con el tiempo necesario para tomar nuestras precauciones sin tener la amenaza de algún beligerante sobre las mismas o alguna una fuga de material radioactivo.

La humanidad ha pasado por 7 accidentes nucleares registrados hasta hoy día. Desde 1957 Rusia, Gran Bretaña, Estados Unidos de América, Ucrania, Brasil y Japón (por dos ocasiones y omitiendo el evento bélico de Hiroshima) han experimentado daños importantes en sus instalaciones, aún pese a su nivel de desarrollo y aparentes altos estándares de seguridad.

Pero mencionemos el escenario de un conflicto armado. Conforme al artículo 56 del Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra  del 12 de agosto de 1948, una obra o instalación que contiene fuerzas peligrosas es una presa, un dique o una central de energía nuclear que, al ser objeto de ataque, podrían liberar fuerzas peligrosas y; en consecuencia, causar graves pérdidas entre la población civil y, por lo mismo, bajo ninguna circunstancia deberían ser atacados.

El signo distintivo de las obras o instalaciones que contienen fuerzas peligrosas consiste en un grupo de tres círculos de color naranja vivo dispuestos en un mismo eje –OOO-. El símbolo deberá ser grande y visible, imagine que debe ser detectable desde el aire (para evitar que alguna aeronave arroje alguna bomba). ¿Ha visto usted algún símbolo similar?

Crear zonas ‘neutrales’ de todo ataque hace suponer excepciones al supuesto que en la guerra todo se vale. Pero será cierto que, ¿tanto las guerras estratégicas como las armas inteligentes evitan las instalaciones protegidas? Esta inquietud resulta válida, en especial cuando hemos visto que en un combate se desea eliminar al enemigo o causar el mayor daño posible para marcar una ventaja en batalla, aún pese a lo establecido en el Derecho Internacional Humanitario o el Derecho en Guerra.

Evidentemente, los ‘códigos’ de guerra han sido respetados en numerosos eventos. Los beligerantes deberán abstenerse de decidir un ataque cuando éste pueda causar muertos o daños excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista, e incluso deberán suspenderlo o anularlo si se advierte que tal es el caso. De forma indudable, las ‘obras e instalaciones peligrosas’ recaen en este rubro, ya que las fuerzas y daños que se ocasionarían serían innumerables y de poco o imposible control.

No esperemos a estar bajo amenaza de guerra, sabotaje o evento natural para atender los estándares de señalización, registro internacional, medidas extremas de seguridad y planes de acción en nuestras instalaciones peligrosas.