La Rehabilitación

marzo 17, 2011 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

Es altamente probable que los efectos del cambio climático, el uso desmedido de los recursos naturales y de una planeación urbana inadecuada, incrementen sustancialmente los riesgos en la entidad y pongan en peligro a nuestra población. La inminente vulnerabilidad geográfica del territorio veracruzano, nos deja algo claro: la fuerza de la naturaleza no puede eliminarse pero sí pueden atenuarse sus consecuencias con acciones preventivas adecuadas y una rehabilitación responsable, profundicemos en esta última.

Para la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (CEPAL), la rehabilitación abarca todas aquellas actividades que tienen el propósito de devolver la normalidad a las zonas y comunidades afectadas. Se efectúa la reparación temporal de viviendas, edificios, transporte y comunicaciones, y se procede a la provisión de servicios de utilidad pública (energía, agua potable, etc.) Durante esta fase también debe atenderse la recuperación psicológica de los habitantes de las regiones que impactó el desastre. Entre las medidas recomendadas por la CEPAL se encuentra el regreso a los trabajos, la creación de nuevos empleos, la disponibilidad de crédito y recursos financieros, y proyectos como la provisión de vivienda temporal y otros de salud pública.

Quizá lo primero que llega a nuestras mentes al escuchar el término rehabilitación sea al estado de convalecencia tras haber sido atacados por una enfermedad, pongamos por ejemplo un padecimiento grave: un infarto. De esta manera asumiremos que el proceso de rehabilitación no sólo se trata de revertir los efectos del infarto, sino también de desarrollar en los pacientes la fuerza, las capacidades y la confianza para que puedan continuar con su vida diaria, pese a las secuelas del infarto. Lo mismo sucedería tras un desastre natural, regresar a un estado anterior puede ser poco recomendable (al menos por la situación de riesgo) o incluso imposible (ya sea por secuelas emocionales, productivas, de infraestructura e incluso una falta de credibilidad en las autoridades locales, estatales y federales), por ello sería ideal la instauración de estructuras que atiendan las nuevas demandas post-desastre.

Ante un retraso significativo de las cifras de daños sucedidos como efecto de los fenómenos naturales, las labores de rehabilitación se ven obstaculizadas. Resulta incuestionable que, no podamos rehabilitar o prever la rehabilitación de algo que desconocemos esté deshabilitado. Por otro lado, no todo lo deshabilitado puede esperar indefinidamente hasta que lo manifestemos oficialmente o hasta que nos liberen recursos para empezar a actuar.  Esta situación hace un llamado de atención en dos frentes: primero, la necesidad de mejorar los instrumentos que nos auxilian en la evaluación de impactos de los desastres; y, segundo, la urgencia de establecer alternativas ante la dependencia de fondos federales.

Debemos estar atentos al comportamiento de las autoridades y la sociedad nipona durante el proceso de rehabilitación del Japón tras los dolorosos sucesos de días pasados. Con 530,000 damnificados, 26,000 evacuados, alrededor de 9,000 desaparecidos y una cifra aún incierta del número de muertos, las aseguradoras y bancos estiman pérdidas de entre 10 y 15 billones de yenes. La reconstrucción es una práctica que los japoneses tienen por bien aprendida y la solidaridad que han mostrado alrededor del mundo ha sido tangible, incluso en territorio veracruzano.