El octavo objetivo

enero 20, 2011 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

El fomento a la alianza mundial para el desarrollo conforma el octavo Objetivo de Desarrollo del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Las muestras de disparidad entre los niveles de riqueza y bienestar entre países desarrollados y en vías de desarrollo, entre las comunidades rurales y urbanas; así como entre hombres, mujeres y niños, obligan a las instancias internacionales a trazar estrategias integrales y simultáneas que deban dar atención oportuna a las deficiencias identificadas.

La alianza para el desarrollo se traduce en el fortalecimiento de un compromiso internacional formal, permanente y consecuente. El asumir responsabilidades comunes, la transmisión de experiencias, el otorgamiento de asesorías y la sensibilidad ante el vulnerable, generarían un ambiente de armonía y justicia global que el mundo necesita con urgencia y que ha buscado por años.

La ONU dirige la atención hacia cuatro ejes: 1) la colaboración para la atención de las necesidades de los países en desarrollo; 2) la apertura del sistema comercial y financiero; 3) el alivio de la deuda de los países en vías de desarrollo; y, 4) la cooperación entre el sector privado y público para beneficiarse del uso de las nuevas tecnologías.

El espíritu que alberga el octavo objetivo, representa el cemento totalizador de los siete objetivos expuestos ya en otras ocasiones. Si se desarrollan acciones responsables en materia de apoyo financiero y técnico para promover el crecimiento económico y el desarrollo, en conjunto con el establecimiento de sistemas tributarios eficaces; todo en un marco de transparencia y estabilidad, nos aproximaremos un poco más al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Acorde a los estudios de la ONU, la ayuda pública al desarrollo de los países se ha concentrado, por orden de importancia en: las subvenciones netas para el perdón de la deuda, la ayuda humanitaria, la ayuda multilateral; y, finalmente en los proyectos, programas y cooperación técnica.

Asumir la asignación del 0.7% del producto nacional bruto (PNB) de los países desarrollados para la ayuda a los objetivos de desarrollo en el año 2015 es ambicioso e incierto. Lo primero al considerar que, para el año 2009 sólo Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Noruega y Suecia pudieron cumplir con la meta trazada. Lo segundo, cuando las deudas son resultas con nuevas deudas que, en lugar de enfrentar las deficiencias, sólo aplazan y complican las soluciones.

Los avances en materia de desarrollo han sido cada vez más difundidos, pero aún queda mucho por hacer, especialmente al considerar que la presencia de constantes desequilibrios económicos globales ha perturbado la estabilidad social. Si bien es cierto que, la tendencia de los países en vías de desarrollo es el incremento de acceso a los mercados de los países más avanzados y al crecimiento en el uso de las tecnologías de comunicación; también es evidente que en la misma región se albergan los mayores índices de pobreza, desigualdad y deficiencias en servicios básicos, haciendo de la demanda de apoyos del exterior, una constante.