Reconocimiento de Estados

septiembre 17, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

A propósito de la celebración del Bicentenario de la Independencia de México, me gustaría iniciar las líneas con dos interrogantes: ¿Bastará que una porción de territorio se declare independiente para que los otros lo acepten como tal? o ¿se necesita que un país valide a otro?

Argumentos como la inmadurez para el autogobierno, la ilegalidad de su creación, la imposición de una minoría o la violación de las garantías de sus pobladores, generan reacciones varias en los foros internacionales. El reino de la discrecionalidad entre intervenir o respetar la autodeterminación aún sigue en debate, como si la capacidad o incapacidad de decidir en los países fuera temporal o necesitara tutela.

Las fronteras que hoy conocemos no eran las mismas que hace 200 años, incluso en poco se parecen a las de hace 20. Resulta evidente que los países pueden fragmentarse, fusionarse, adherirse o crear un nuevo territorio como producto de un enfrentamiento armado o por acuerdo entre las partes; ya sea para frenar una opresión o carencia, por afinidades étnicas o en búsqueda de representación.

Era un 4 de Julio de 1776 cuando trece colonias inglesas en América dan el ejemplo que seguiría Latinoamérica años después. La conformación de un nuevo sistema político no europeo y el subsecuente reconocimiento de los gobiernos fue una tarea titánica que inició con la Doctrina Jefferson de 1792, misma que otorgaría la legitimidad siempre y cuando se contara con la voluntad de la nación.

Esfuerzos tales como la Doctrina Monroe de 1823 con el popular lema de “América para los Americanos” –no sin sus acepciones políticas- y la Doctrina Grant de 1870 con el rechazo de vínculos entre América Latina y las monarquías europeas obligaron a una región a marcar un distingo. Hablamos de una época en que el reconocimiento de un Estado por parte de terceros era un paso obligado para el goce de derecho a un gobierno propio y a la independencia.

El Acta de Independencia de la Nueva España es firmada el 27 de septiembre de 1821. Es el 30 de Noviembre de 1825 bajo el mandato de Guadalupe Victoria cuando es nombrado como Canciller del Ministerio de Relaciones Exteriores de México un notable abogado Veracruzano llamado Sebastián Camacho Castillo.

En 1826, Camacho Castillo fue el responsable de la firma del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre México y Gran Bretaña. Asimismo, celebró tratados similares con los Países Bajos y Dinamarca en 1827 y continuó las negociaciones con los Estados Unidos de América. El intercambio comercial con trato preferencial, la posibilidad de obtener préstamos e inversiones y la cooperación para la mejora de las actividades industriales generado por tales acuerdos, le permitieron a México obtener el reconocimiento de Jure ante las principales potencias europeas del momento.

Es hasta 1930 con la Doctrina Estrada que, nuestro país rechaza la práctica del reconocimiento por considerarla como invasiva ante el manejo de los asuntos internos de los Estados. México sostiene el mantenimiento o remoción de sus agentes diplomáticos y omite proporcionar el reconocimiento ‘expreso’ de los gobiernos.

Evidentemente continúa la práctica del reconocimiento de Facto, ya sea retirando representantes de los Estados o emitiendo opiniones sobre políticas de combate al narcotráfico, de riesgo de inversiones, de manejo financiero y de la toma de decisiones públicas. Pareciera que se mantiene un lazo transparente entre el reconocimiento y la independencia, ¿no lo cree así?