El juego de Guerra

agosto 12, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

Ch’en Hao, militar chino del año 1220, decía: “en materia de planificación, jamás un movimiento inútil; en materia de estrategia, ningún paso en vano”. Los buenos generales actúan en forma racional, realista y estratégica, sin dejarse llevar por las emociones o la confusión. Tzu Sun en su obra El Arte de la Guerra advierte que, un gobierno no debe movilizar un ejército por ira y los jefes militares no deben provocar la guerra por cólera. Las maniobras deben realizarse sólo cuando sea beneficioso y en caso contrario, desistir.

Dentro de la instrucción político-militar de los países con capacidad bélica se ha contemplado la práctica del ‘juego de la guerra’ que, consiste en auxiliarse de simuladores computarizados para evaluar las decisiones en un escenario conflictivo, ya sea partiendo de datos y situaciones reales o ficticias; no obstante, sus orígenes se asocian al proceso evolutivo del ajedrez.

Christopher Weikhmann crea en 1664 un ajedrez militar llamado ‘juego del rey’ constituido por 60 piezas, otorgándoles 14 movimientos asociados a la costumbre militar. En 1770, Helwig modifica el tablero para representar el terreno con sus variados relieves a través de 1666 cuadros. El objeto del juego consistía en que, con un ejército proporcional en ambos bandos, a cargo de sus respectivos comandantes, con la intervención de un árbitro y reglas preestablecidas, se debía conquistar una serie de fortalezas que se encontraban colocadas en los extremos opuestos de la mesa o tablero.

En Francia, a principios del siglo XVII, aparecen dos tipos de juegos de guerra. Uno de ellos, llamado ‘Le jeu de la guerre’, de donde surge la denominación actual que, de carácter ofensivo, contenía piezas con los símbolos de los comandos y unidades. El otro juego denominado ‘Jeu de la fortification’ muy parecido al anterior que, procuraba ejercitar las tácticas defensivas de los participantes.

A mediados del siglo XIX, el Teniente prusiano Von Reisswitz confeccionó un juego que representaba todas las actividades militares posibles en campaña, con el terreno y las tropas a escala, con reglas militares preestablecidas, empleando cartas hidrográficas y mapas. Representando un terreno de 6km2, un árbitro dirigía y controlaba el juego en ‘rounds’ de dos minutos y, al detenerse el juego, se analizaban las pérdidas sufridas. El ejercicio se difundió paulatinamente por toda Europa (Austria, Hungría, Italia, Rusia, Turquía) y llegó más tarde a la Unión Americana y el Japón.

Hace unos días se celebró en México la clausura del XXXVI Juego Interamericano de la Guerra, evento en que participaron delegaciones de Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos de América (EUA), México, República Dominicana y Uruguay. El evento organizado anualmente por los Colegios de Guerra de las Américas mantiene como objetivo el intercambio académico y profesional, aunque no debemos omitir la tradicional participación de la Oficina de Inteligencia Naval de EUA, el Centro de Análisis de Inteligencia Naval Militar de EUA y el Colegio de Guerra de Newport quienes de investigar el armamento de las potencias rivales y adaptarlas en un simulador para competir con las propias adoptaron como objetivo la invitación a los mejores oficiales extranjeros a participar de los juegos y allegarse de información estratégica. ¿Quién jugará con quién?