Alucinaciones sobre la legalización de las drogas

agosto 6, 2010 en Artículos, Jesús Alberto López González

Como lo anticipamos hace dos semanas en este espacio, la noticia sobre la eventual legalización de la mariguana para fines distintos a los terapéuticos en algunos estados de la Unión Americana, está empujando el debate en México sobre el tema. Apenas el martes pasado, el presidente Calderón afirmó que si bien él, como ciudadano, no está de acuerdo con la legalización de las drogas; sí entiende la importancia de discutir el asunto de manera abierta.  No hay duda que la violencia desatada por la acción de gobierno contra el narcotráfico y el creciente sentimiento de la población sobre el fracaso de las medidas adoptadas, han abierto una ventana de oportunidad para legislar en la materia.

Sería entonces el momento, como dice la teoría constructivista de las políticas públicas, del surgimiento de los political entrepreneurs. Es decir, de personajes con capacidad de canalizar y transformar este impulso positivo en la opinión pública en propuestas concretas que discuta y valore el poder legislativo.   Sin embargo, más allá de la iniciativa encabezada por la Diputada perredista Teresa Inchaustegui y por el Senador René Arce, para autorizar el uso terapéutico de la mariguana, no se ve a otros líderes de peso abordando el barco de la legalización.

Lo que si podemos ver con mayor nitidez es a los detractores. Para empezar, el Secretario de Salud, José Ángel Córdova, se ha apresurado a declarar que con la legalización “aumentaría el consumo, lo que complicaría la situación de los programas contra adicciones, ya que se requeriría contratar más personal para atender a los adictos”.  La opinión del secretario de salud es fácil de replicar.  Para empezar, no hay evidencia empírica que apoye el argumento que la legalización de las drogas lleve a un aumento sostenido del consumo.  Tenemos el caso de Portugal que despenalizó el uso de mariguana, cocaína y heroína en 2001, y actualmente tiene los niveles de consumo más bajos de la Unión Europea.  Cabe mencionar que el enfoque portugués no es legalizar las drogas, sino despenalizar su uso. Con ello se atiende a los adictos como enfermos y no como delincuentes.

Otro opositor importante es Gustavo Madero, líder de la fracción del PAN en el Senado.  Madero teme que México se convierta en “oasis para el consumo de la droga”.   La experiencia en Portugal tampoco aporta elementos para apoyar la preocupación del Senador panista.  Sólo el 5 por ciento de los adictos que son remitidos a las consejerías para el control de adicciones en aquel país son extranjeros.  Por último, la opinión del PRI al respecto es difícil de identificar, aunque algunos personajes de peso fuera del contexto legislativo, como el Gobernador Fidel Herrera, se han visto receptivos al tema.

Al final, parece que la discusión sobre la legalización de estupefacientes transcurrirá sin mayores resultados, tal y como ocurre con casi todos los asuntos importantes de la agenda legislativa nacional.  Muy poco afecta que la opinión pública muestre afinidad ante tal posibilidad ó que haya estudios científicos que la soporten. La dislocación que existe entre la voluntad ciudadana y su representación en los órganos de gobierno se hace más evidente en los temas espinosos. Como siempre, todo hace suponer que los cambios serán reactivos. Es decir, cuando los gringos legalicen el consumo.  Lo demás son alucinaciones.