El armamento nuclear. El engaño como la única opción.

julio 22, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

Durante la Guerra Fría las relaciones políticas, económicas y sociales a nivel internacional no podían entenderse de otra manera que, a través de la rivalidad entre los Estados Unidos de América (EUA) y la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS); en particular, mediante la carrera armamentista.

Con el ‘cese de hostilidades’ a principios de los años 90, surgieron reflexiones de especialistas que vislumbraban: el predominio del imperialismo estadounidense, el adormecimiento ficticio del gigante soviético, el fin de la historia, el relajamiento del sistema internacional, la multipolaridad, el triunfo avasallador del liberalismo, el retorno de los nacionalismos o incluso la coronación de la paz mundial kantiana.

No obstante, la posesión, la fabricación y el uso de armas de destrucción masiva continúan siendo una problemática discutida en numerosos foros mundiales. Desde su origen en 1945 y hasta nuestros días, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) –órganos, organismos especializados, conexos e institutos-, han sostenido que tanto el desarme como la limitación de los armamentos son fundamentales para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional.

En abril de 2010, los Presidentes Barack Obama (EUA) y Dmitry Medvedev (Rusia) realizaron un ejercicio similar al expuesto por Reagan y Gorbachev en la década de los 80 y, Bill Clinton y Boris Yeltsin en los 90, al mostrarse a favor de un mundo sin armas nucleares con la firma de un nuevo Tratado START, documento que destaca el papel de la ‘verificación’ como pieza angular en las negociaciones entre ambos países.

Discutamos la factibilidad del cumplimiento de tales declaraciones desde dos fronteras: la práctica y la teórica.

El Anuario 2010 del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) advierte que actualmente existen 7,500 armas nucleares operativas y 22,000 cabezas nucleares; de estas, el 90% se encuentra en posesión de EUA y Rusia. La intención de reducir el armamento de destrucción masiva entre ambos no ha sido ratificada, lo que significa que, aún no entra en vigor, entonces ¿Cómo comprometer a dos países a renunciar a las prácticas disuasorias que han caracterizado su relación por tantos años? ¿Cómo transformar a la industria militar cuando ha mostrado una solidez ejemplar –incluso un crecimiento sustancial- ante crisis financieras mundiales como la de 2009?

Brams y Kilgour en su libro Teoría de Juegos y Seguridad Nacional, describen en uno de sus apartados el sustento teórico de la estrategia del engaño y no es, sino ejecutada a través de la herramienta de la ‘verificación’, instrumento de vigilancia creado precisamente para el control de las armas de destrucción masiva.

La ‘verificación’ consta de dos partes con sentimientos antagónicos, el inspector y el inspeccionado. El primero puede aceptar o rechazar el cumplimiento afirmado por el segundo deseando un cumplimiento real; mientras que, el inspeccionado puede cumplir un acuerdo o violarlo y aunque prefiere violarlo siempre manifestará que lo cumple.

Entre EUA y Rusia ¿Quién será el inspector y quién el inspeccionado? La simulación computarizada del modelo ha mostrando como resultado que el engaño es la conducta más redituable en cuanto al manejo de armamento nuclear, convirtiendo en una ilusión toda intención política al respecto.