La Energía Nuclear

marzo 31, 2010 en Artículos, Esmeralda García Ladrón de Guevara

El 15 de noviembre de 1945 Harry Truman, el entonces Presidente de los Estados Unidos de América (EUA); los Primeros Ministros de Reino Unido y Canadá,  D.R. Attlee y  W.L. Mackenzie respectivamente, firmaron la Declaración de Washington. Documento de ocho puntos en donde alertaban sobre los altos y desconocidos niveles de destrucción generada por el uso militar de la energía atómica y expresaban la responsabilidad de las naciones para el uso de los nuevos descubrimientos científicos para el beneficio de la humanidad.

La Declaración de Washington otorgaba una importancia sustantiva a la confianza recíproca entre las naciones postulando que, a través del intercambio de información técnica y científica se encontraría una solución constructiva sobre la aplicabilidad de la energía atómica en ámbitos industriales con fines pacíficos y humanitarios; todo ello, bajo un ambiente de cooperación política mundial.

La necesidad de crear instancias encargadas de la eliminación de las armas atómicas, la inspección de los avances y la coordinación de labores no dejó de estar presente. Desafortunadamente, estas inquietudes no fueron suficientes para disminuir las tensiones existentes entre la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) y los EUA, quienes en lugar de demostrar su disposición para reducir o controlar el uso militar de este tipo de energía, dan inicio a una incansable carrera de armamento atómico.

No obstante, el compromiso de la también naciente Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue permanente. Desde mediados de los años 50, se celebraron con regularidad numerosas Conferencias Internacionales de las Naciones Unidas sobre la utilización de la Energía Atómica con fines pacíficos, sentando precedentes importantes en las discusiones sobre la factibilidad de las primeras plantas de energía atómica, la fisión nuclear como fuente de energía, la energía nuclear para desalinizar el agua, la producción de energía eléctrica, los combustibles nucleares, la energía nuclear para las exploraciones en el espacio, entre otras.

Es así como paulatinamente se van creando instancias regionales y multilaterales que atenderían los temas relacionados con el manejo de la energía atómica, pero es en 1957, cuando se establece el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), encargado a nivel mundial de lo concerniente a la energía nuclear de uso civil, destacando avances en programas relacionados con la alimentación, la agricultura, la salud, la industria, la hidrología y la contaminación del medio ambiente.

Acorde al portal de la ONU, se tiene el registro de que  439 reactores nucleares generan aproximadamente el 16 por ciento de la electricidad del mundo. Incluso, en nueve países, más del 40 por ciento de la producción energética procede de la energía nuclear, México no es la excepción.

El día de ayer, la OIEA anunció la realización de la conferencia ministerial sobre seguridad nuclear, misma que se celebrará en su sede de Viena en el mes de Junio. Indudablemente, los incidentes de la Central nuclear japonesa Fukushima Daiichi enriquecerán la discusión sobre los estándares de seguridad y la planeación de las respuestas a la emergencia, conclusiones que, incuestionablemente, deberán ocupar nuestra atención.